Humildad barroca

16.05.2021

Jan Queretz

Una lectura de Paradiso; novela, poema de José Lezama Lima


Para Álvaro D' Marco, Lezamista

Es cierto que para leer Paradiso nadie dice que haya que tener temple de acero, intuiciones de poesía universal, una erudición de enciclopedia británica, diez almas inclinadas a lo volcánico y un habano encendido durante la madrugada. Es cierto que nadie dirá a los hijos venideros: "toma, te entrego la llave del lenguaje, he aquí este libro, Paradiso, que no existe ni existirá nunca porque es una novela, un poema imposible". Es cierto que Paradiso no se leerá mañana en las escuelas públicas de Michoacán, no llegarán cajas de ejemplares recién cosidos a las cárceles suecas, no será vendido en los supermercados. Después de todo es imposible vender el americano libro que abarca la totalidad del universo.

¿Que exagero?

"-El ternario -volvió Fronesis-, el triángulo equilátero, el más bello, según Platón. «El porqué, dice Platón, sería largo de contar. Pero el que nos demostrase que estamos en un error, recibiría de nosotros una favorable acogida». La Trinidad. El triángulo equilátero era el llamado por los pitagóricos la Athena, la Tritogenia, nacida del cerebro del Zeus. Trifolia griega: bien, verdad y belleza. En el tiempo: pasado, presente y futuro. En el espacio: la línea, el plano y el volumen. En la danza clásica de la época de Lully: Fuite, opposition y ensemble. En los misterios: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo."

"La ruina, entre nosotros, engendra la mejor metamorfosis, una clase que puede competir en fineza con las mejores del mundo. En presencia de ellos, de su nobleza, de su presencia de los mejores, uno siente una confianza clásica, nos sentimos más fuertes en nuestra miseria"

"Requiem, requiem, los tiburones solemnes lanzados al alejandrino raciniano. Tronos para su admiración. Círculos que se abren, que se vuelven, generosos... Peleas de tiburones, con las que Nerón quiso hacer descansar a los toros de Lidia. Tienen al mar despierto, removido, círculos formados por los pedruscos caídos en las entrañas"

"Una obsesión que nunca destruyese las cosas, que buscase en lo manifestado lo oculto, en lo secreto lo que asciende para que la luz lo configure".

Poema. Novela. Significación. Símbolo. Inteligencia cubana. Acueducto físico, emocional. Pez de aire. Libro. Inquietud. Frenesí. Fronesis. Exuberancia. Totalidad. Contundencia. Ansiedad. Eloísa Lezama Lima usa la expresión malicia barroca para recorrer la circunferencia poética de su hermano. Malicia. Pero malicia no significa encantamiento, hechizo. ¿O sí? La palabra no cabe en la nube americana de José Lezama Lima. El libro, en su completitud, declara una deicida intención de humildad. La novela no busca engrandecer al lenguaje, busca clarificarlo, oscureciéndolo; el poema no busca ser partícipe de sí mismo, busca participar con los demás, por nosotros, como una gran plegaria cubana. Esta entrega presente, única en nuestra lengua, es una forma radical de humildad literaria.

Paradiso no es un libro hermético, inaccesible, es un libro diáfano, de sentidos ocultos y sugerencias sin voz, como si para leerlo necesitáramos el tercer ojo aún no descubierto que todos tenemos en el centro espiral de la frente.

Una lectura contemporánea provoca una sensación de irrealidad intelectual. No estamos acostumbrados al lenguaje eyaculador, a la forma de tormenta, al tremedal citadino que rompe y crea, que es soledad y acompañamiento. Al ingresar en la novela -"La mano de Baldovina separó los tules de la entrada del mosquitero, hurgó apretando suavemente como si fuese una esponja y no un niño de cinco años; abrió la camiseta y contempló todo el pecho del niño lleno de ronchas, de surcos de violenta coloración, y el pecho que se abultaba y se encogía como teniendo que hacer un potente esfuerzo para alcanzar un ritmo natural"-no podemos creer que estamos leyendo el poema que leemos.

Los ojos se abren, se abren los párpados del ojo en la frente y comienza un ascenso a las formas insospechadas de un sistema poético: aparece el círculo cuadrado, lo imposible, la mujer sin cuerpo ni alma, La Habana sin turbulencias donde el mar es una gran ballena anclada a la orilla del malecón. Aparece la totalidad y la nada, conjuntas, tiernamente hermanadas. El pacto ficcional, tan frágil en este siglo de estructuras lineales y totalitarios sujetos, verbos y predicados, parece a punto de quebrarse, se resquebraja ante nuestros ojos, pero en el sótano del lenguaje, donde casi nunca entramos por miedo o por soberbia, porque todo lenguaje será al final del día un sol desconocido, no hace sino enriquecerse, florecer, dejarse llevar por los caminos de su verdadera naturaleza: un mundo textual sin orillas que no tendrá límites porque La Habana no los tiene y será para siempre el mayor de los enigmas que Cuba nos ha regalado.