Ronda del cántaro oceánico

11.07.2021

Jan Queretz

Poesía

Anduve tanto, por los ciclos del grito, detenido como una desesperación,

atando largamente en la hoguera una hora, suavemente en el cántaro oceánico,

enterrado, terso, abarcado por la esfera inmóvil, sordamente lejos,

en la patria que se deshace, transparente, como el rumor de todas las piedras juntas,

destinado a ser el páramo y la cueva, la cima, la sima,

la carreta profunda, una leve salpicadura de sangre ágil que ahora es pueblo y casa,

infierno contenido en toda mordedura despiadada,

arada belleza que se magnifica al abrir las manos como párpados,

buscando en el gran pedestal de un cuerpo la inmóvil cuchillada de los días.


Pero esta inmensidad, cohibida en su tezontle líquido,

no necesita los caminos o el crimen.

Encontrará, cuando por fin haya desaparecido la muerte,

cuando el último volcán haya sucumbido ante el verdugo azul,

el vino agitado, los enterrados vivos,

la invencible presencia de un corazón roto,

todo el amor latido en una mano inconmensurable.

Anduve tanto que ya no sé si he caminado,

si soy yo la equivocación o el equilibro.

No sé si seré un océano de gota,

un ciego de guantes con ojos,

o un azotado volcán de precipicios.