Poesía de Marianne Muriel
Un nudo de glándulas que han olvidado su oficio, una corriente caliente busca el borde de los dedos. Los muros de este espacio se cierran con la precisión de una boca que bosteza. Cuidar es esto: observar cómo el moho avanza por el techo y llamarlo, por puro miedo, compañía.