Ciento siete pasos o latidos
Innana
luego Ishtar
luego Astarté
luego Afrodita
y así Venus
y así María
de Nazaret
–y después María (Marta)
de Tucumán,
o la que es mi madre
ya tangible,
no ya
del tipo abstracto
Y entonces yo,
ya hijo, también tangible, (ya tucumano),
que le pregunté
–y supongo que
gracias
y sobre la base
de las otras
seis–
el porqué
de esto
que nos vendría a
tocar
mientras no cruzábamos
miradas
–espejo
la una de la otra–
porque me daba la espalda,
cortaba pimientos
–no recuerdo si
rojos o verdes–
y nos rodeaba
–como siempre, aun cuando no hay luz–
el rumor de la campana extractora
(Compartiremos
sangre;
no sé si pulso)
Pregunté por qué
es que hay un acta
con fecha del seis de noviembre
y una afiliación
a un plan de obra social
cuando yo realmente no soy
–incluso ahora–
titular de nada
(Pregunta
que uno haría frente al sagrario,
o para pegarla tanto en el cielo
de Uruk
como en el actual)
(Pregunta
que me hizo arena la boca
una vez suelta en el aire
por estar
como fuera de lugar
y no dar más de
absurda;
su respuesta siendo
–obviamente–
–de aquí hasta Uruk
y más allá–
: y porque te quise tener
Y ya estaría, qué más.)
***
Selma Ježková,
o una inmigrante pobre y checoslovaca
que padece una enfermedad ocular degenerativa
hereditaria
(cosa que la terminará
por dejar ciega),
partió del Viejo
al Nuevo Mundo
con tal de impedir que su hijo, Gene,
corriera esa suerte de familia
y de tragedia griega
(sus miradas
son espejo
la una de la otra
–naturalmente)
Bill Houston,
o policía local y padre de familia,
quien le alquila a Selma
una casa rodante,
le confiesa que el banco embargará su casa
por no saber decirle a su mujer que no,
la cual pide peras
al olmo que es su marido,
creyéndolo peral
Selma, a su vez,
para conmiserarse,
le confiesa su ceguera inminente
y su ceguera a heredar
La plata
por la que suda la gota gorda
no va a parar en manos de un abuelo checo
–que no existe–
sino en una lata sin galletas
con tal de operar al hijo
que quiso tener
sabiendo bien lo que hacer eso
iba a implicar
Acto seguido
: mala fe, robo, demanda
justa,
pistola fuera,
petición injusta
y unos cuantos tiros de gracia
(Bill le roba a Selma sus ahorros.
Ella –no es tonta– los pasa a buscar.
Él, en quiebra, pide morir.
Selma accede –a regañadientes –es complaciente,
y de más.)
Acto seguido
: la horca
(Pero antes ciento siete pasos
desde la celda
hasta la horca)
(Pero antes
el pago anticipado
de la cirugía ocular de Gene)
(Pero antes
Selma llorando ante un cadáver o lo que implicara
haberlo querido tener)
(Pero
mucho antes
no sé cuántos latidos oyó él en la panza
de su madre
pero asumo que más de ciento siete
Latidos
y pasos
te marcan como un ritmo similar
Selma no podía
estar de pie
yendo hacia la horca, y por ende
la mujer policía
que se conmiseraba de ella
le marcaba el ritmo
de los ciento siete
pasos;
Selma no aguantaba
tanto silencio;
en el laburo –la fábrica–
siempre había algo que oír
: su jefe echándola, por ejemplo)
No sé cuántos latidos
dentro de mi madre
alcancé a
oír;
aún me quedan más de esos
por dar.
Lo que sí sé
es que para que Innana
llegara hasta mi Madre,
se tuvieron que haber dado más de ciento siete pasos
o latidos.