Sombras chinas
Imitando al maestro Li Po
la luna y yo
brindamos por las poetas prostitutas chinas.
Las sombras de mis manos inventan
las caderas de Li Ye, los muslos de Wen Wan.
Las sombras, proyectadas desde una dinastía lejana,
me danzan la suave canción de Yumeji
que adormecía a los dragones con mal de amor.
Desde algún lejano burdel
llega el eco de laúdes que sollozan
cuando se cantan leyendas
de amantes separados por la distancia.
Esas sombras de gansos emparejados en el lago
son la envidia de los cuerpos
que solo pueden tocarse a través de cartas.