Mandíbula
él me dice que baje la voz o me calle
con la de frases que tengo dentro de la boca
agolpadas, certeras, carnosas
palabras duras como todo él, arriesgadas
no hables, calla y hazlo, dice
palabras que ahora mi saliva arrastra
unto mi paladar con la lengua que de pronto es bífida
y una baba se desliza y surfea mis labios
él me dice calla aunque no haya hablado
me dice calla en vez de cierra los ojos
yo le miro como un devoto mira a un santo,
implorante y caliente por dentro
creo en él, mis sienes arden
quiero rezarle, pedirle ese momento eterno
la saliva se desborda, ahora sí, como afectada ante ese hombre de hierro que quema
ese camino imperfecto de gozo
esa nave a punto de despegar
él ya no dice nada
miro hacia arriba y veo cómo el aire agita las ramas y las hojas, después el árbol entero
repaso sus grietas con los dedos
y mi lengua estrangula sus arterias
de pronto tira de mi pelo y el tronco parece más grueso
y la saliva, tan espesa que se puede cortar
todo brilla en la oscuridad, esto brilla a pleno sol
y un grito escapa de su garganta seco y raudo, como relampagueando…