Poema de la serie «Criado y nacido»
3.
El
primer
conjuro
para la soledad
latinoamericana es
el canto brujo y trunco
etrusco con susurros distantes
de troncos talados y por qué estamos
tan solos si todo sobra en este mundo por
qué estamos rodeados por tanto amor y no lo
vemos: albor temor versión mejor de nuestro cuerpo
etéreo temblor de una sinrazón que da sentido a la vida
vivida a la muerte muerta huerta de carne y hueso compostaje
de lo que alguna vez fuimos vos y yo el segundo conjuro para
la soledad latinoamericana es soliloquio estéril eterno persistente de
boleros bossas y sones cubanos veleros bocas y dones humanos de patria
grande grande muy grande tan grande esplendorosa que no hay cifra que amalgame
tanta grandeza: grandeza de placita de barrio donde los vecinos buscan la fresca grandeza furiosa de enormes convocatorias de espíritus precarizados de cumplir los veintiún gramos de alma explotada y amucharse en lo anónimo de una marcha lo insólito de una marcha lo esperable neutralizable y gestionable de una marcha: el segundo conjuro busca
despegar y crear la revolución pero fracasa el tercer conjuro para la
soledad latinoamericana es autoconsciente ecuménico ecuánime y
persistente: se percibe a sí mismo solitario y desde ahí despega
espera al otro no lo sale a buscar no milita la felicidad ajena
no fotocopia la visión de futuro es conjuro solo laico
inmanente conjuro con ce minúscula conjuro por
una política menor con la ridícula pretensión
de dar por cerrado el asunto de solucionar
el problema último como si fuera a
haber de un día para el otro el fin
de la historia de la explotación
del hombre sobre el hombre
como si pudiera mi conjuro
el tercero y el último fingir
demencia y olvidar que el
cambio profundo es
permanente y es
hoy y es para
siempre.