Poner nombre
A esa tristeza
la llamé
una lata de café tibio
enfriada a medias,
sin poder beberla
ni tirarla
A ese amor
lo llamé
mi cuaderno de diario
sin terminar
las primeras páginas brillaban,
la última quedó en blanco
A ese dolor
lo llamé
una piedra abandonada en el camino
pateada por descuido,
rodando otra vez
hasta quedarse quieta en un rincón…