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ciento ochenta
ciento ochenta y nueve veces
de intentos
de pies detenidos
de haber alcanzado la luna ayer
y no volver ni a tocar
las cuerdas de los zapatos
ciento ochenta y ocho veces
de repensar las cosas
de no hallar la solución
más eficiente
de la tortura
y los reclamos
ciento ochenta y siete veces
de cerrar círculos
y dejar dos pendientes
que no estaban
en mis manos
de enviar
ciento ochenta y seis mensajes
y esperar
silencio
de cubrir las horas de madurez
con la ansiedad de una niña
que busca tomar la mano áspera
de su madre
son ciento ochenta y cinco veces
o ciento ochenta y cuatro
de decir
gracias
y ciento ochenta y tres
de defender
lo que creo
ciento ochenta y dos veces
de repetir
que hice
lo correcto
ciento ochenta y un veces
de alzar la voz
la mano
el cuerpo
y de elegir
vivir
ciento ochenta
ciento ochenta veces