Poemas del barrio profundo

Maxwell Nelson

Advertencia al hijo

Los gatos mueren fuera de casa, hijo 

y tú tienes prohibido 

abrir las ventanas de tu cuarto

Aunque te aturda la marcha 

de los duendes en el techo

no debes acercarte a las ventanas

Aunque la lluvia en madrugada 

amenace con mutilar tu sueño 

no te acerques     no te acerques

Nada hallarías buscando al otro lado

la silueta de un animal enfermo

Los gatos mueren fuera de casa   

Es esa su naturaleza, hijo 

No te atrevas nunca a cruzar esa puerta

De tu vientre brotan los asesinos de mi pueblo

Cómo se viene la muerte

tan callando.

JORGE MANRIQUE

Me ves llegar 

sin nombre a tu desgana

queriendo atrapar la luz que ocultas 

de esos jinetes sin cabeza

Yo que he aprendido de tu llanto 

esta fe de las arañas 

Yo que he recibido de tu carne 

el peligro de la patria embrujecida

Aquí guardo mis espinas   

Aquí sacudo la pólvora de mi cama  

y me visto de carroña

para que conmigo inicies tus rituales

Caigo trasoñado en tu puerto

y me tienes así donde me ordena tu hambre

Todo lo que me queda es tacto y culto

Todo lo que te queda se resuelve en niños 

corriendo en las aceras

Es este un nuevo tiempo 

¡Levántate y anda sobre mis grietas

con esa respiración de perro abandonado!    

Ven y bendice la pausa de esta bala 

que sostengo ahora

con paciencia entre mis dientes


La vida es afuera y respira

Todo es bueno si deforma un cuerpo

LUIS CERNUDA

No confíes en esas voces que te embisten 

cuando   ingenuo   observas 

jugar a las arañas 

por debajo de la mesa

No aceptes su consejo   

No te quedes quieto entre cobijas o ataúdes 

esperando que cese la llovizna

y los duendes hayan terminado

 de bailar sobre las tapias 

Antes de que sea demasiado ancho 

el río que te aísla

de nosotros

deshazte de todo aquello que te ata

Las puertas acabarán siendo lobos

y a tu padre se le hará la noche insoportable

Vigila al gato negro en tu ventana 

pues él ha conseguido forzar su fuga

durante la hora de tormenta 

¡Imítalo! Sea su forma de pecar tu mayor ejemplo

Persigue su huella en la neblina

hasta que te crujan los pies de tanto andar 

y confundas al dolor con tu prójimo

y bebas por primera vez de las pozas

que deja el aguacero a mitad de la calle

Y sigue buscando

y sigue buscando 

hasta que en tu boca por fin

haya plantado la ciudad su veneno

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Oración a la Virgen del Barrio

Nuestras manos no han derramado esta sangre, 

ni nuestros ojos han visto nada.

DEUTERONOMIO 21:7

Me entrego pesadillado a tu regazo

con el cansancio del mundo moliéndome las sienes

y un temor tan real 

como el fuego en callejones

Detrás de mí no viene nadie

El barrio entero ha guardado para sí 

el silencio de mis muertos   

Vengo anhelando tu oído   Virgen Oscura

Porque me has visto nacer bajo tu guardia

hoy vengo a inclinarme ante tu roca

a jurar que esta vez 

no ha sido mía 

aquella mano desatada

No dependió la noche de este pulso tembloroso

ni el Goliat    ni el filo secreto de la piedra

ni el David que en esta hora te suplica

por un sitio a salvo en tus rincones

Pero sé lo que me espera 

al otro lado de la cuadra

más allá de ese agujero 

donde hoy aguarda mi destino

Por eso vengo rogando tu oído 

y me dispongo

sincero   a tu péndulo

con la esperanza de que libres mi sendero

de ese ángel profano y su guadaña

El último día del mundo

a Ignacio Aru

Soñé que habías muerto

Caminabas a oscuras el último día del mundo

entre rostros desconocidos

tratando de olvidar     olvidando

Soñé que habías muerto

Un frío de años terminaba 

de encadenarte la nuca

¿Qué hora es?

Y yo lloraba porque sentía 

que te haría falta un abrigo a donde fueres

y ya no podía levantarte 

—no podía o no quería—

tan solo te dejé ahí 

bajo seiscientas moscas de arena 

acurrucado    a pesar de la amenaza del olvido

Y ahí te quedaste    Te quedaste

Soñé que habías muerto

Medianoche 

y nadie podía acercarse a tu ataúd

nadie podía bendecirte peregrino 

en el último día del mundo 

o revelarte la palabra necesaria 

para luchar contra las hienas

nadie podía robar de tu mano 

las joyas de amatista 

o arrojarse a tu pecho 

como a un lago

Nadie podía

nadie pudo encontrar tu nombre 

entre las aves de carroña

Puede ser que te preguntes 

adónde sepultaron tu cuerpo aquella noche

o te preguntes por tu último verso terminado

o por el pacto de las ropas que te cubrían las heridas

Soñé que habías muerto    

No había más nada 

En el último día del mundo 

ningún pájaro cantó    

Y ahí te quedaste   Te quedaste

Graffiti

(Barrio Cuba, San José)

¿Es el mundo este desierto 

de gatos que agonizan?

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Byron Ramírez

Byron Ramírez (Desamparados, Costa Rica, 1997). Filólogo, poeta y editor literario. Ha publicado: Entropías (2018, Nueva York Poetry Press); Adamar (2020, Poiesis Editores, Costa Rica); y Terra Incognita (2021, Editorial Arboleda). Obtuvo el Primer lugar Certamen Nacional de Poesía Martin Luther King (2017), Primer lugar Certamen Literario Brunca Universidad Nacional (2018), Finalista Certamen Emilio Prados (2018), entre otros reconocimientos. Ha sido compilador y editor general de las antologías Y2K, publicada por la Editorial Estudiantil de la Universidad de Costa Rica, y Nueva Poesía Costarricense, publicada por el Ministerio de Cultura de Costa Rica. Sus poemas, además, han sido distribuidos en diversas revistas internacionales y traducidos al italiano, uzbeko, inglés y francés. 

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