Estruendo de la flor (caligrama)
Me gusta hablar
acerca de
las flores,
que cubran las pa-
redes, que infecten en
amarillas hojas a los libros,
saliendo de una tierra, yaciendo
sobre los jardines sus maceteros.
Regalos de primavera, nostalgias me-
losas otoñales, un arreglo en la mesita
en una botellita vacía de tinto sobre los
escritorios. Que nazcan y mueran. Vivas, mar-
chitas, indoloras o perfumadas. Sobre mi té
sabe el pétalo, en un dibujo el tallo, metáfora
a través del concreto, un silencio, un apodo, la
colonia "El Rosedal", un tatuaje o altar, donde abril
se llena de morado fragante, de nombres y apellidos,
del gerundio que así hallarnos inexorables al florecer.
Ojalá convertirme en ese ramo precipitado en los brazos
de amantes, coloridos, adoloridos, de quién se ama. Recor-
datorio perpetuo de la muerte. Ser explosiva belleza, así como te
gustan las flores; en margaritas o tulipanes, dentro de un poema,
un haiku o la verdad
de un buda. (en silencio)