Un nuevo amigo
El fraile Benigno me ofreció su amistad. Pero antes me respondió: «preguntas por Dios» dijo «como un pez pregunta por el océano». Para él soy un mal poeta, ya que ignoro la creación. Tampoco soy un apasionado como si lo es un poeta que celebra constantemente, ejerciendo su oficio como la hormiga trabaja, el ave canta, como fluye el agua. Cómo he de decirle que un espíritu apagó la vela de mi centro. «Dios padre está en todo hijo» dice Benigno (temo que su panteísmo le traiga problemas con los más dogmáticos), pero yo levanté la vista al pájaro y a la libélula, mensajeros del Altísimo, y bajé la vista al caracol, signo vivo del tiempo, y no sentí otra cosa sino rabia, y no sentí otra cosa más que odio; Dios no se escondía de mí, aun siendo yo tan peligroso como para acariciar su presencia. En otro tiempo pude ser quien escupió a su hijo, el que insertó la lanza, el que se burló. Estoy manchado.