La muerte del rey de Harlem
Los niños de la plaza no vieron temblar el búho bajo el mar,
ni la carne flechada de Sebastián lleno de encajes,
ni el cielo llorar para adentro como esconde la hierba los imantados restos de tu sexo.
Vieron cocodrilos guiñar los ojos a las niñas mientras mascullaban.
El arco oxidado por la orina de los sapos…