«cariño, ¿cómo podríamos desarrollar esto de una manera encantadora?»: De la ia generativa en la literatura.
Una premio nobel de literatura manifiesta haber usado modelos de lenguaje en su proceso de escritura; la revista Granta publica un cuento premiado que podría haber sido escrito por la IA; un CEO de Barnes & Noble acepta que vendería novelas escritas por el algoritmo… ¿Cómo están impactando los modelos de lenguaje generativo en el mundo literario? Aquí, algunas de las más recientes sacudidas en la batalla cultural frente a la tecnología.
Disclaimer: Ninguna Inteligencia Artificial generativa fue utilizada en la redacción de este muy humano texto.]
I
«El mundo actual, con su inercia destructiva, ya no merece novelas largas y exigentes». La afirmación, espetada sin más en el marco del Congreso Internacional Impact’26 que se celebró en Poznanń, Polonia, en mayo pasado, cobra fuerza de alud devastador viniendo de quien viene: nada menos que la premio nobel de literatura polaca Olga Tokarczuk, autora de las celebradas novelas Flights (2007) y El trofeo (2017), y galardonada por la Academia Sueca en el 2018 por la «imaginación narrativa» y la «pasión enciclopédica» de su obra. En abierta puja con el también vigente discurso a favor de una vuelta a las llamadas «novelas mamotreto» —es decir, aquellas bien largas, que demandarán el largo aliento del lector, y que a la vez no estarán exentas de complejidad narrativa: obras de lectura justamente «exigente», tanto física como intelectualmente—, el hecho de que Tokarczuk abogue por lo que aboga no deja de ser una invitación a una nueva (y, seamos sinceros, no tan renovada) disputa literaria. Eso sería todo si no fuera porque la nobel polaca no se detuvo allí, y comentó además algo en verdad controvertible: declaró que piensa que la inteligencia artificial resulta de una ventaja enorme para escribir ficción literaria, y confesó que ella misma la ha utilizado en la escritura de sus libros. Las reacciones no se hicieron esperar.
Tanto fue el revuelo, que la autora se vio presionada a responder. En un comunicado emitido a través de su editorial se defendió aclarando que su uso de IA se limita a la investigación y que la emplea exclusivamente para documentarse y verificar datos (resuena aquí el punto que sobre su «pasión enciclopédica» argumentó el Comité que le otorgó el Nobel en su momento). Precisó, además, de manera bien puntual, que ninguna de sus obras ha sido redactada nunca por una máquina. Así que sí: la premio nobel polaca utiliza modelos de lenguaje como herramienta de ayuda en su proceso creativo (es ahora sospecha de muchos que el otro argumento de la Academia, el que destacaba su «imaginación narrativa», podría ser igualmente puesto en disputa).
«Me compré la mejor versión de IA que existe, el último modelo que había», explicó Tokarczuk (tildada ahora, además, de elitista por este y otros comentarios similares), «y quedé pasmada al ver cómo expande mi pensamiento creativo y lo profundiza tan fantásticamente». Y añadió que ella, a menudo, le tira una idea a la máquina y le pregunta: «Cariño, ¿cómo podríamos desarrollar esto de una manera encantadora?».
II
El influyente sitio web The Literary Hub fue uno de los que publicó el descargo de la escritora polaca. Pero lo más interesante de ese posteo resulta de seguir el debate que al respecto se fue acumulando de manera incesante en la sección de comentarios de lectores. Por caso, uno de los usuarios expone allí: «Seguramente un gran número de escritores utiliza IA de un modo u otro, pero al menos tienen la decencia de no comentarlo», a lo que otra de las varias personas que comentan en el mismo hilo de la conversación le contesta: «Ocultar el hecho de que uno usa IA», dice, «es como esconder el hecho de que usaste la biblioteca para realizar tu investigación». Vemos, así, que en las varias apostillas de los lectores de The Literary Hub no siempre prima la visión apocalíptica o la actitud admonitoria; esto es representativo de una tendencia general, de hecho. No son pocos los que defienden la legitimidad del uso de la herramienta tecnológica como genuino asistente de cualquier proceso de escritura creativa. «En la ficción literaria», declaraba Tokarczuk en una de las entrevistas que siguió a la controversia, «esta tecnología es una ventaja y una fortaleza de proporciones increíbles». A lo que agregó: «A pesar de los temores que ello ha generado, creo que —debido a la naturaleza específica de nuestro oficio— los escritores somos quienes más podemos beneficiarnos, y mejor podemos relacionarnos, con herramientas como la inteligencia artificial».
Y es de seguro indudable que, si la cuestión se quedase en la mera asistencia del algoritmo para la investigación y la documentación, aquello que haga al sustrato sobre el cual un escritor trabaje, la IA sería en consecuencia equiparable a cualquier otra herramienta —una enciclopedia formada por libros en formato físico, digamos—. En un escenario tal, quizás todo pudiera reducirse entonces a lo que el escritor y ensayista español Agustín Fernández Mallo apuntó en su Postpoesía (2009), en lo que él ha identificado como una relación inversamente proporcional entre información y conocimiento, en el que las artes interactúan y se cruzan y se hibridizan con la tecnología. «Aunque al crecer la información siempre crece el conocimiento», escribe, «en términos relativos podemos decir que antes se creaba desde la escasez de información y el exceso de conocimiento; ahora se hace desde el exceso de información y la escasez de conocimiento».
III
Pero el problema en sí no es (o no debería ser) el uso de la IA como asistente de investigación o apoyo del proceso de escritura para un caso como el de recabar datos de base —la IA como una forma de biblioteca de acceso más amplio y universal; una herramienta de celeridad ventajosa y deseable—. El problema mayor, el que infaliblemente convoca los debates, es consecuencia de que los llamados LLM —por sus siglas en inglés, Large Language Models; es decir, los programas de IA diseñados para comprender y procesar, así como para generar lenguaje humano de forma natural— han evolucionado de tal manera desde los inicios del ChatGPT, que tanto su capacidad de predicción probabilística (su núcleo analiza millones de textos para calcular estadísticamente qué palabra debe ir a continuación de otras en una frase) como su cada vez más avanzada arquitectura transformer (su uso de redes neuronales que relacionan palabras entre sí en un contexto determinado) son instrumentales en la redacción de textos de una apariencia cada vez más y más «humana»: una escritura de traza realmente creativa, con una coherencia narrativa más que aceptable, y que es adaptable a cualquier estilo «personal» de un escritor, dado el entrenamiento adecuado.
En suma, el cuestionamiento al uso de LLM en el proceso de escritura tiende a relacionarse en especial con utilizar la supuesta inteligencia de la máquina o bien como «inspiración creativa», o bien como —directamente— herramienta de escritura sin más; esto es, lo que se discute con tanto fervor es su uso para realizar la tarea creativa que hace al propio oficio de la escritura. De ahí el enfático descargo de la premio nobel de literatura: «ninguna de mis obras ha sido redactada nunca por una máquina».
Baste el siguiente ejemplo como muestra del ánimo en contrario a los LLM que impera en el mundo de la escritura creativa.
El 18 de junio pasado, durante la nueva edición de la Serie de Lecturas Frost —el ciclo impulsado por la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF—, la escritora chilena Diamela Eltit disertó sobre el impacto de la inteligencia artificial en la cultura contemporánea, y defendió la idea de una «literatura artesanal», una escritura capaz de «escapar a las lógicas de homogeneización tecnológica». En su presentación frente a nombres de la talla de María Negroni (quien es Directora de la Maestría), Liliana Heer y Patricio Foglia (egresado de la institución), Eltit se refirió a la IA como «un tipo de Frankenstein generado por sus padres tecnológicos, depredadora de partículas y fragmentos». En suma, aparte de la cuestionable dimensión de lo «artesanal» en el arte, aparte también de las implicancias de la noción de «depredación», lo más importante en este llamamiento de Eltit es la antigua duda sobre los límites y alcances de lo humano, posiblemente equiparable al viejo temor de los luditas a que la máquina reemplace al hombre.
IV
El problema dista, por tanto, de ser nuevo. Tampoco lo es en el campo literario. En 2024, la autora japonesa Rie Kudan fue distinguida con el prestigioso Premio Akutagawa por su Tokyo Sympathy Tower, que fue calurosamente elogiado por la Comisión que otorga este galardón como un texto «impecable». Luego de recibir el premio, Kudan confesó haber utilizado ChatGPT en la escritura de al menos un porcentaje de su libro. (A propósito, no deja de ser sugerente que dentro de la trama de esta novela de ciencia ficción la IA juega un papel muy importante en la historia de la protagonista).
En cualquier caso, sin embargo, ha sido en lo que va de este año que la pública y tan difundida visibilización del uso de modelos de lenguaje generativos por parte de escritoras y escritores ha demostrado las…