Poemas para las amigas
en las fiestas,
nos encontramos con vestidos nuevos
y nos damos al baile. Bailamos
despojándonos las unas a las otras
de nuestras máscaras íntimas.
Y así, la finitud del tiempo
es más pesada: alegremente se dilata,
y los frutos del divino baile
son más dulces, y los aguados licores,
y las estroboscópicas luces,
y las desaforadas risas,
también, si cabe, más dulces.
Entonces nos damos las manos,
las pegajosas manos que se funden
amorosamente las unas con las otras.
Y la danza es tierna, y el girar es tierno,
y nuestros ojos son estrellas
de un indócil firmamento.
Giramos como giran los astros,
orbitamos como los astros orbitan,
y somos una galaxia enfurecida
que canta a la amistad y al amor,
y somos una, y somos una galaxia,
una galaxia enfurecida, una galaxia
que dulce y fieramente gira
en un orden imperfecto, en el orden
de todo lo que en el universo gira:
el desordenado orden del amor.
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