Flor una: las preguntas de Tamia Olga
Enuncias, Tamia, en este poema, esta profecía:
Te aproximarás a la flor una
desacostumbrarás el cuerpo de la cólera
volverás a interrogar lo que no existe.
Te pregunto: ¿Me aproximaré a la flor una pero cuándo, desacostumbraré el cuerpo pero cómo, hay alguna duda de que volveré a interrogar lo que no existe? Estas preguntas fundamentales quedan en el aire y flotan a pesar de su peso: los poemas de tu libro viven entre dos estados mentales: este símbolo: ¿ y este otro: ?, y así los leo, interrogantes, una y otra vez porque no colapsan tus poemas, estásn sostenidos en la pregunta, sostenidos, digo, porque no hay lenguaje que se desgrane, flor una es la paz, la luz, la fe y el centeno interrogados.
Miro hacia ti, Urdimbre, que le diste espacio a esta flor y te entiendo: encontraste en ella una ternura de hija, una escritura limpia, casi absoluta, que más allá del mundo quiere salir del papel y hacerse ella misma tierra, imperio, como si desde nuestra eñe navegara hacia Grecia, referenciada en la Ilíada y en sus conceptos, como si quisiera también abrir sus manos hacia los recónditos espacios de la fe (qué curioso, como una flor), entregarse a los símbolos que se abren frente a nosotros, mitologías de dioses extintos, escondidos por la turbación de encontrarse en las palabras la esquina solitaria de la muerte. Viste la luz, Urdimbre, pero cuidado: que algo se ilumine no es síntoma de dirección. De todas formas me quedo tranquilo porque este verso existe: piensa el sol que da a la rosa su… gracias por publicar, Urdimbre. Lectores, completen el verso, pasen a leer.
Les advierto (Tamia, mira lo que hago, les advierto a tus lectores de tu verbo): se encontrarán con ojos que miran más allá de las piedras, esqueletos que buscan una salida pero ansían en volver a su cuerpo originario, sal que se parte, que se conserva, pensamientos que buscan un lugar en el mundo como buscamos el agua cada día, preguntas, como esta cimentada: ¿qué más dará la historia? Y esta otra: ¿Qué importará mi forma? También esta: ¿Hacia dónde ir ahora que todo se ilumina? Y una más: ¿Qué esperas encontrar?
Tamia, dejo en las manos de tus lectores el descubrimiento de más preguntas y deseo profundamente que nunca puedan encontrar las respuestas. De todas maneras ya lo dijiste y aquí lo reproduzco para que te lluevan lectores y este libro esté en cada casa: nadie canta sin abandonar el día.