Foto: Barry Domínguez
Volumen bajo por Astrid López Méndez
¿Para qué nos interesaría regresar a la técnica en la música, la literatura o el cine si sólo es para aumentar la explotación de los humanos? ¿Qué tiene que ver una receta para hacer un pastel con un algoritmo? ¿Por qué no perdonamos que la velocidad del internet no sea rápida si la naturaleza de los cables de fibra óptica es que la fluidez sea turbulenta? ¿Qué tanto te puedes enamorar en una relación que sólo existe por internet?
Hubo una época en la que la técnica no solía considerarse alejada del arte. Era parte de la vida cotidiana porque se necesitaba para hacer un libro o para comer. Ahora que suele pensarse tan distanciada de ella, casi ajena y exclusiva de un mundo cada vez más digital y artificial, quizá vale la pena recordar que, muchas veces, nada es lo que parece. O que, en todo caso, es más humano de lo que pensamos.
En Volumen bajo, lejos del vilipendio o de la maledicencia, se intentará explorar un tecnorrealismo que se obsesiona con esconder sus costuras, pero que en el proceso se nos muestran no sólo sus chispazos globales, sino las conexiones locales que ocurren y que compartimos en unos y otros tiempos y espacios.