Formas de luchar contra la dictadura

Una nota de (re)lectura sobre Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra

Cuando leí por primera vez Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra, todavía vivía en el Estado de México, con mi madre. Estudiaba en la universidad y a veces creía que nunca podría salir del Estado de México.

 

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Formas de volver a casa es la historia de los niños de la dictadura.

Zambra confiesa, en una entrevista para Canal-L, que estaba ya cansado de leer las historias de los adultos durante la dictadura. De modo que decidió escribir la historia de los niños. Esos seres, ahora hombres, educados en el silencio. Siempre reticentes con las palabras.

La portada, en la que un niño descansa la cabeza contra el asiento metálico de un colectivo, soñando quizá con Claudia, la muchachita de la que se enamora el protagonista de la novela, revela la visión de Zambra. De la dictadura de la infancia se escapaba soñando.

Recuerdo pasarme las horas viendo esa portada, yo mismo en un colectivo, de camino a la universidad. Recuerdo pensar en mi propia infancia en colectivos. Recuerdo quedarme dormido en un colectivo, con ese libro entre los brazos.

 

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Estoy en Cracovia. Releo la novela de Zambra, rememorando los años universitarios. Y voy recordando, con la lectura, por qué viajé a Polonia con este libro en la maleta.

 

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Yo fui un adolescente de la dictadura.

«Dictadura», del latín dictatura. «Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertades individuales.» Pero también: «Tiempo que dura una dictadura».

Pienso que a veces hace falta repetir una palabra hasta que pierda todo su poder y su significado. Hasta que suene tan ridícula que produzca la estupefacción.

Esta casa es una dictadura. Ese es el ejemplo que da la RAE para referirse al tercer significado de la palabra: «Régimen autoritario en cualquier ámbito.»

Cualquier palabra que requiera una segunda definición para referirse al tiempo que dura en el tiempo es una palabra que no debería existir.

 

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La historia de las familias nuevas. Las familias tras el Chile de Pinochet. Esa es la historia íntima que cuenta Zambra. Su propia historia, y la historia de su familia, y de sus amigos.

En la segunda parte de la novela, el protagonista descubre: «Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla».

La llegada de la democracia fue para los padres una victoria, pero para los niños de la generación de la transición, la llegada de la democracia fue un reproche:

Hay cosas sobre las que no se puede bromear.

Hay cosas sobre las que no se puede escribir.

 

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Más recuerdos, mientras camino por la ribera del río Vístula.

Estudiaba Ciencias de la Comunicación y pensaba que la literatura era la única forma de redención del ser humano. Un grupo de policías me había secuestrado hacía poco y yo había decidido que escribiría una novela en la que narraría ese suceso.

El secuestro había sido rápido y conciso y casi exento de violencia física. En algún momento, uno de los policías intentó meterme la mano en los calzones para cerciorarse de que no llevaba droga. Pero cuando acercó su mano yo me moví, y él introdujo su mano en la bolsa trasera de mi pantalón (donde yo, por supuesto, no llevaba droga, ni llevaba dinero, ni llevaba nada). El policía se mostró decepcionado. La traes en los calzones, cabrón, dijo. No traigo nada, le respondí. Me miró como diciendo ¿muchos huevos, hijo de tu puta madre?, pero no hizo más nada.

 

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Nos habían «levantado» (en código del crimen organizado, «levantar a alguien» significa «secuestrar a alguien») afuera de la universidad, a un compañero de curso y a mí, porque estábamos tomando alcohol en la vía pública…

Ian García

Ian García ( Distrito Federal, México, 1997). Ha publicado breves colecciones de poemas y cuentos en revistas literarias de México y España.

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