Introducción a los soliclastos: la presingularidad. cont.

Lectura 9. Pistas idiomáticas: la RAE.


Se puede entender mucho sobre este desastre al hincarle el diente a su manual de comunicación: Nueva gramática de la lengua española. (Hemos encontrado y restaurado la edición revisada y ampliada. Está en los materiales del curso).


Ejemplo sencillo: el pasado. Estaba corriendo al refugio antiaéreo cuando el bloque de pisos se derrumbó. Dos estructuras de tiempo pasado interactuando. Acción de aspecto progresivo. Acción puntual que ocurre en un punto específico del pasado. Una perífrasis de gerundio junto a un pretérito indefinido. Primero, el movimiento de una persona no especificada hacia el refugio. Y durante esta acción, el misil redujo a cenizas un edificio con cientos de personas, niños incluidos. Así de simple.


Es obvio adónde iremos ahora, al futuro. De hecho, retrocedamos en el tiempo para retomar este ejemplo. Va a correr al refugio antiaéreo cuando el bloque de pisos se derrumbe1. Una perífrasis de intención o de futuro próximo junto a —y aquí es donde se pone interesante— un verbo en presente, pero en el modo subjuntivo. ¿Por qué? ¿Por qué este modo? 


Porque, desde la perspectiva del hablante humano, la llegada del misil, las muertes de cientos de personas, la angustia y el anhelo de venganza, no son hechos consumados —en cuyo caso usarían el indicativo—, sino una eventualidad. Quizás pasen o quizás no. Lo relevante aquí es que su gramática nos revela que, aunque pueden ver el pasado con claridad, ¡no pueden ver el futuro del mismo modo!


Fijaos. Esto es difícil de concebir. Algo en su biología, sus sistemas de percepción o, más concretamente, su aparato de procesamiento de estímulos del entorno físico, limita su percepción del flujo del tiempo a un único sentido. Una asimetría notable. Perciben el fluir del tiempo hacia el «futuro», pero solo ven con certeza el «pasado». Una mutación primigenia, quizás.


Imaginadlo. Viviendo ciegos a la realidad de que el segundo hijo del hombre que quedó aplastado y sepultado bajo los escombros va a inmolarse en el estadio de fútbol a miles de kilómetros y doce años (de este planeta2) después. Habiendo vivido y estudiado en las cercanías, además.


Volviendo a nuestro ejemplo, los académicos todavía están discutiendo si, sin esta ceguera ante el futuro, habrían lanzado este misil contra una zona civil. Algunos dicen que, con capacidades cronoperceptivas normales, por supuesto que no. La ceguera en sí misma es la raíz del comportamiento tan autodestructivo, tan inexplicable. 


Otros no están seguros y citan numerosos ejemplos que implican, de forma contundente, que si las consecuencias no afectan a los responsables directamente, ni de forma inmediata (difícil de definir), acabarán cometiendo tales atrocidades de todos modos. Es un tema interesante en el que podéis profundizar en vuestras tesis si queréis.


Aunque todos los hechos de este planeta simplemente son —usando su idioma con tiempos tan burdos—, para nosotros, lo más importante, son las razones tras el fracaso. Tengo unas ideas. 


Tarea: ¿Se os ocurren otras formas en las que su lenguaje, natural o matemático, pone de manifiesto sus defectos biológicos?


Continuamos mañana.


  1. N.B. Se derrumbare: el futuro de subjuntivo es, en su hoy, arcaico. No se usa desde su siglo XVIII.


  1. Simplificado para la brevedad. El planeta posee una velocidad de rotación alrededor de su propio eje de 7,27210-5 rad/s. Tiene una órbita ligeramente elíptica alrededor del Sol, con un afelio y un perihelio de 152 y 147 millones de kilómetros respectivamente. Una revolución dura aproximadamente 365 días —los suyos, claro—.


Lectura 10. Pistas idiomáticas: soliclastia.



Continuemos. No os perdáis en los detalles. Estamos hablando de la época justo antes de la singularidad, cuando los mecanismos de supresión fracasaron (debido a la falta de energía sostenible) y la entropía planetaria aumentó exponencialmente. Y las pistas en los registros de baja entropía —magnéticos, electrónicos y de ADN—, o sea, el registro escrito. O la porción sobreviviente.


Volvamos a visitar la idea de cronopercepción, pero desde la perspectiva de las matemáticas de la época, donde se ve la relación íntima entre los conceptos de cronopercepción y soliclastia1.


Consideremos un problema trivial. Tres masas puntuales que se mueven bajo la atracción gravitatoria mutua a velocidades no relativistas. Ya conocéis las soluciones, obviamente, pero su forma de abordar el problema es reveladora. Tres ecuaciones diferenciales vectoriales de segundo orden, planteadas como un problema de valores iniciales con avance temporal. Sin salida. Hay muchas deficiencias insuperables en este planteamiento, que ni siquiera hace falta mencionar.


Mi primer punto es que, con una cronopercepción tan limitada —el flujo del tiempo solo hacia un futuro desacoplado del pasado—, es casi imposible desarrollar soluciones cuasiperiódicas en las que los estados en el pasado están inextricablemente vinculados a los del futuro. Sin la capacidad para percibir la elipticidad del tiempo, es imposible hacer las transformaciones necesarias para reducir el problema a algo trivial, cuyas grandes familias de soluciones cuasiperiódicas son obvias para todos.


Entonces, su cronopercepción dio lugar a la formulación del problema como un problema de valores iniciales, con el tiempo orientado únicamente hacia el futuro, lo que a su vez condujo a la consideración de tres ecuaciones vectoriales. Y este, precisamente, es el tema de hoy: su soliclastia persistente. Por eso, ciertos académicos llaman a este período de la presingularidad «época de los soliclastos» y buscan evidencias de esta falla esencial en los registros escritos.


La evidencia soliclástica fundamental, creo, es la tendencia hacia la división artificial. La creación de restricciones y límites abstractos, cuando no son necesarios. Ejemplos, ya vimos uno: el pasado, el presente, el futuro. Otros: biología, física, química, medicina… Bacterias, virus, hongos, plantas, animales. Países. Una vez que os adentráis en este camino, ¿dónde y por qué os detenéis? Hoy consideramos las implicaciones de un ejemplo en particular, la frontera rígida que separó a los humanos —como especie en su conjunto a lo largo del tiempo— del individuo aislado en el presente.


Recordad el argumento de ayer. Si las consecuencias no afectan a los responsables directamente, ni de forma inmediata (dejad eso por ahora), acabarán cometiendo tales atrocidades de todos modos. Consideramos esto principalmente como una conjetura sobre el futuro en el contexto de una cronopercepción deficiente. Pero alude a algo más…

Kraig Winters

Kraig Winters (Billings, Estados Unidos, 1960).

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