Hay un agujero en el barro y me estoy resbalando






Nota para la puesta en escena

La obra está concebida como un desplazamiento continuo. Aunque el texto atraviesa numerosos espacios, no propone una representación realista de esos lugares.

La ausencia de puntuación responde a una voluntad dramatúrgica: una fuga constante donde las pausas no están fijadas por la escritura, deben ser descubiertas por la respiración, el cuerpo y la escucha de quien lo interprete.


ESCENA 1: LA PLAZA

Me estás mirando diferente yo que te llevo mirando años te veo mirarme y ahora me estás mirando diferente porque aquí nadie mira así aquí nadie mira demasiado tiempo a nadie aquí se mira rápido se mira rápido y de lado pero tú no tú llevas toda la noche mirándome diferente y hace muchísimo calor estoy sudando y llevo los ojos pintados muy negro y siento la música entrando por todas partes esa música horrible canciones viejas canciones que escuchan las madres pero mal cantadas y aun así todos bailan todos gritan todos se agarran fuerte porque saben que esto dura muy poco que el verano aquí dura poquísimo que agosto pasa como pasan los gatos los corzos las liebres cruzando la carretera de noche y después otra vez el frío las persianas bajadas los tractores a las siete de la mañana las viejas girándose para mirar quién vuelve y quién no vuelve y tú me estás mirando diferente y yo pienso que algo tiene que pasar esta noche porque si no para qué este calor para qué tanta gente sudando junta para qué tú mirándome así como si acabaras de encontrar algo y entonces me dices ven te quiero enseñar algo y yo digo sí enseguida porque llevo toda la noche esperando que me digas ven te quiero enseñar algo esperando que me saques de en medio de toda esta gente de toda esta música de todas estas parejas bailando canciones horribles como si bailar pudiera salvarles de algo y quizá sí quizá bailar salva un poco porque aquí todo el mundo vuelve en agosto diciendo que aquí se vive mejor que aquí todavía se puede respirar que allí la gente se vuelve loca pero luego pasan tres días y empiezan otra vez a mirar el reloj y a decir que aquí una termina pudriéndose lentamente igual que la fruta olvidada detrás de una puerta llenándose de moscas bajo este calor de mierda y todos desaparecen al mismo tiempo para irse a la ciudad más poblada del mundo desaparecemos para ir a un lugar donde nadie mira nunca así donde la gente se roza todo el tiempo sin tocarse de verdad cuerpos entrando y saliendo del metro cuerpos rozándose empujándose en las aceras cuerpos acostándose juntos solamente para no sentirse solos durante unas horas solo para olvidar el paso del tiempo las guerras lo inalcanzable mientras esperan que vuelva a ser agosto así caminaré yo entre millones de personas pensando en esta plaza llena de luces de colores y en los niños corriendo medio dormidos a las tres de la mañana y en las mujeres en corro jugando a las cartas y sobre todo pensaré en ti mirándome diferente porque lo peor no es irse lo peor es descubrir justo antes de irse que todavía existe un sitio donde alguien puede mirarte como si no estuvieras ya       completamente perdida

ESCENA 2: EL CAMINO ENTRE HUERTOS

Ven te quiero enseñar algo me dices y yo te sigo te sigo y las voces se alejan los gritos y alguien cantando fatal al micrófono se alejan y solamente queda el ruido del río abajo y yo te sigo entre el río de pis cerveza vino y verano que baja por esta calle de piedra te sigo y te pregunto cuándo es tu cumple y me dices en unas semanas cuando ya no quede nadie aquí porque aquí todo ocurre solamente durante unas semanas y te sigo pasando el puente y la panadería y la casa de los gatos y te sigo por un camino que atraviesa los huertos por dentro y no conocía y me rozan las ortigas y me pican las piernas pero no importa y te sigo entre los sauces y el frontón y la carretera y las hogueras a lo lejos y cada vez huele más fuerte a chuletillas y a morcilla y a humo y verano y dices vamos por aquí que no quiero que nos vean y subimos la colina de las bodegas esa colina donde todo el mundo ha jugado al escondite y ha fumado por primera vez y ha besado a alguien por primera vez y ha llorado también todos hemos llorado alguna vez en esta colina aunque después nadie lo diga tú sigues andando delante de mí y yo te sigo miro tu espalda y pienso que podría seguirte hasta olvidarme completamente de quién soy podría seguirte hasta el final del río ese río que atraviesa tu cuerpo y lo parte en dos yo lo navegaría descalza podría seguirte hasta tu campo de manzanos y dormir allí tirada entre la hierba escuchando el agua y los pájaros y los insectos y convertirme en algo útil para ti una cesta por ejemplo un cubo una piedra un cuchillo cualquier cosa que pudiera quedarse cerca de tus manos y recoger fruta y volver a cruzar el río y yo detrás siempre detrás porque hay noches en las que una podría abandonar su vida por seguir un cuerpo alejándose entre los árboles podría seguirte hasta olvidar hasta olvidar que nunca seré la que se queda nunca seré tu almohada ni tu remanso ni la mujer que espera contigo el invierno y compra pan contigo y riega contigo los tomates y se queda dormida escuchando la televisión encendida en otra habitación pero yo te sigo te sigo hasta olvidar que no yo no soy esa hasta olvidar que yo soy la que se va siempre la que mira el reloj antes que nadie la que acaba haciendo una maleta la que desaparece entre millones de personas fingiendo que no echa nada de menos que la vida no es           un camino entre huertos 

ESCENA 3: LA COLINA 

Corremos por la colina de las bodegas y todavía se escucha la música de la plaza mezclada con perros ladrando cigarras y motos y gente que grita gente que grita nombres de gente de pronto una chica sale de la última bodega y grita el tuyo grita tu nombre y grita qué hacéis ey cuánto tiempo y tú frenas un poco y te encoges de hombros como cuando ves a alguien que conoce todas tus versiones la de niño la de adolescente la de vago la de llorar la de cuando todavía no habías aprendido a mirar así ella nos hace señas desde la puerta de la bodega venid que estamos con el postre y dentro se oye gente riéndose y tú que en la plaza me miraste para decirme salgamos corriendo tú que echaste a andar delante de mí para que te siguiera por las calles de piedra y el puente y los huertos y el río ahora no dices nada y te encoges de hombros y yo pienso que ya está que podría acabar todo esto aquí perfectamente podría acabarse igual que se acaban todas las cosas que amenazan con cambiar el mundo para siempre sin ruido sin que nadie se dé cuenta pero yo digo sí claro vamos vamos a tomar un poco de vino ácido y no es por el vino no es por beber no te he seguido por el vino porque yo ya ni siquiera tengo sed es para decirte qué mierda la ciudad qué mierda los metros y la gente bajando escaleras mecánicas como ganado y los teatros llenos de personas esperando siempre que pase algo y no pasa nada mirando historias falsas mientras afuera nadie sabe mirarse de verdad cómo volver allí después de esto después de correr colina arriba detrás de alguien como si una pudiera todavía alcanzar algo antes de que desaparezca antes de volver a ser una extraña al caminar el puente y los huertos y el río antes de que el pueblo sea un pueblo vacío de miradas  de cuerpos de ti entonces te cojo del brazo y te digo vamos a escondernos por aquí tú y yo vamos a beber este vino ácido porque en unas horas va a amanecer y no tú tampoco sabes exactamente       adónde volver

ESCENA 4: LA BODEGA 

Entramos a la bodega y dentro hay muchas otras como tu prima y algunas me suena haberlas visto antes quizá apoyadas en una puerta quizá cruzando la plaza quizá sentadas siempre en el mismo banco al sol no sé cuántos años tienen porque aquí las mujeres llegan a una edad y después ya no envejecen más o envejecen todas juntas o nacen directamente viejas no lo sé todas están gritando o cantando o rezando o haciendo las tres cosas al mismo tiempo es un ruido insoportable un ruido que rebota contra las paredes de piedra húmeda y contra los techos bajos y parecen adolescentes cuando gritan y de pronto giran la cabeza y son abuelas y después vuelven a cantar y a mover platos y a empujar sillas y a cruzarse unas delante de otras como si estuvieran dentro de una ceremonia que conocen de memoria y yo intento contar cuántas hay pero no paran quietas y cada vez hay menos luz solamente la chimenea ilumina la bodega y el fuego ya se está apagando y sigo sudando y huele a vinagre y a tierra mojada y a corral y a ropa guardada demasiado tiempo y busco tu cara entre ellas pero esta vez no encuentro tu mirada y quiero tocarte pero siempre aparece alguna de ellas en medio cruzando con un plato vacío o con una canción rota en la boca quizá esto era en realidad lo que querías enseñarme no un lugar no un escondite no una aventura sino esto precisamente esta especie de mundo cerrado donde las mujeres cantan como si estuvieran rezando y rezan como si estuvieran peleándose con alguien muerto hace mucho tiempo pero aquí no hay vino aquí no hay vino aunque todo huela a vino aunque las paredes suden vino aunque las mesas estén manchadas de vino aunque las manos de ellas parezcan…

Teresa Sanz

Teresa Sanz (Bilbao, España, 1996). Es escritora y creadora escénica. Ha publicado textos literarios y ensayos en revistas como La Pera Ediciones (España, 2026) Revista ZUN (2026) y Heterotopías (Argentina, 2022). Como dramaturga, ha estrenado varias obras en Madrid, Bilbao y Barcelona, entre las que destacan Esta sensación de olvido (Madrid, 2024) y Trenura, la ternura de los trenes (Bilbao, 2025).

https://www.instagram.com/tere.titere
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