Todo aguarda la alarma
Volví. Y, como un buen animal eslavo, enseguida me adapté a las nuevas rutinas.
Por la mañana, se le escribe «¿todo bien?» a esa(s) persona(s) que se tiene en mente. Después, medio en pijama, se da una vuelta sorbiendo un café de máquina del súper con un piti. Se revisa el barrio en busca de daños nocturnos, se saluda aquí y allá a los que recogen cristales en los cubos (no se pregunta sobre la desgracia ajena, pero se pone el oído cuando la comentan al lado) y se dobla hacia el mercado por el requesón de la pani Galia y sus frambuesas. A las 9:00 todo para. Un minuto de silencio, y a partir de entonces se cuentan las alarmas antiaéreas sin buscar refugio, pues el ritmo de la capital es sagrado. A lo largo del día, se va comentando aquel edificio con agujero y ese cráter frente al cole. Siempre se conoce a alguien que tal y cual, pero no se puede adentrar en el tema, hablar del dolor: solo del daño, este se arregla. El dolor, en cambio, inflama y arde todo. Por las tardes, se pilla de camino a casa un helado en el mismo súper y se saluda a las vecinas agachadas sobre sus pequeños huertos frente a los edificios. Acercándose al portal, se mienta: lirio, malva, rosa, petunia, girasol. Se revisan las alertas y las predicciones para la noche. «POSIBLE ATAQUE BALÍSTICO DE ... h a ... h». Entonces los que tienen ánimo, cuerpo sano o hijos pequeños, bajan a dormir al metro. Los demás desean a esa(s) persona(s) que se tiene en mente una «noche tranquila», preparan junto a la entrada una mochila con documentos y dinero. Duermen.
Pero poco. Muy poco. Las predicciones se cumplen. En Kiev, hay 90 segundos desde que avisan la salida del misil para bajar al refugio. Al segundo 91 se muere o se queda ya en el pasillo, en el baño... donde haya más paredes alrededor. Se revisa la mensajería de la defensa aérea. Aquellos nombres de flores dan paso a otros: X-101, C-300, X-22, Kinzhal, Iskander, Tsirkon, Kalibr, Shahed. Se los distingue por el sonido o el lugar de impacto. Se cuentan los estallidos. Se escribe a esa(s) persona(s) que se tiene en mente y se paniquea un poco mientras no le(s) llega el mensaje. El tiempo se va rompiendo mientras pasa. El cansancio es cuerpo, es aire. Al final, se duerme en el pasillo. O en el baño. Y al día siguiente se…